
Podríamos definir el Jazz como un estilo artístico musical, surgido en los Estados Unidos de América, gracias al encuentro del negro con la música europea. Los instrumentos, la melodía y la armonía del Jazz proceden, en su mayor parte, de la tradición musical de occidente. El ritmo, el fraseo y la formación del sonido, así como determinados elementos armónicos del blues, son originarios de la música africana y del sentimiento musical del negro americano. En cualquier caso, el origen del Jazz no está nada claro, aunque parece que lo más probable es que la música nativa de los esclavos negros africanos se mezcló, desde el caribe, con los sencillos himnos religiosos de las misiones y con las canciones que se cantaban para aliviar los duros trabajos en el campo y las tareas de los reclusos. Más concretamente, podemos encontrar el origen del Jazz en los burdeles del “Storyville” de Nueva Orleans, donde los músicos negros entretenían a los clientes. Cuando estos burdeles fueron clausurados, los jazzmen, en su mayor parte integrantes de bandas marciales callejeras, se dispersaron llevando consigo su arte.
Según una etimología, la palabra “jazz” viene del francés jaser (“charlar”). Los esclavos de algunos estados del sur de Norteamérica utilizaron esta lengua para crear trozos de canciones acompañados del rítmico batir de palmas. Tales ejecuciones se asemejaban a la libre conversación, y de ahí el nombre. Es aún más probable que la etimología provenga de un término que designa, en el lenguaje coloquial de los negros, el acto sexual. En un principio el Jazz estuvo al servicio de la comunidad negra, pero rápidamente, a partir de las primeras grabaciones de 1916, se hizo famoso en fiestas de carácter masivo, lo que provocó un pasión por esta música muy encendida y generalizada. El Jazz también apareció en la sala de conciertos, bajo el subtítulo de “Jazz sinfónico”. Un buen número de compositores crearon obras en este incipiente estilo: aparecieron así algunas suites y composiciones orquestales en el estilo de Jazz, a la vez que en algunas óperas, que fueron “recondimentadas”, como “The Begar’s Opera”, que Kurt Weill se encargó de retocar, o “Mikado”, de Sullivan, que otro alemán reescribió en 1927. El Jazz quiso servir a un buen número de norteamericanos como enseña de un estilo nacional propio de composición. Pero lo cierto es que tanto franceses como centroeuropeos hicieron un uso del Jazz tanto o más serio que los estadounidenses. La sutilidad de los ritmos y armonías jazzísticas había calado en la sensibilidad europea, sin chocar frontalmente con la serenidad de la música “seria”, al penetrar por la vía del entretenimiento. El Jazz se distingue de la música europea en tres elementos fundamentales:
- Por una especial relación con el tiempo, llamada swing.
- Por una espontaneidad y vitalidad de la producción musical en la que juega un papel primordial la

improvisación.
- Por la formación del sonido y el fraseo, en los que se refleja la individualidad de cada intérprete.